Un terremoto de 7,4 grados en la escala de Richter sacudió el 28 de septiembre las islas Célebes, en Indonesia. Le siguió un fuerte tsunami con olas de hasta 6 metros de altura, que terminó por devastar la zona afectada, dejando 2.045 víctimas mortales y miles de personas sin hogar.
Las necesidades más urgentes son: identificar a los menores no acompañados para protegerlos y reunificarlos con su familia si es posible, el aprovisionamiento de agua potable y el establecimiento de unas condiciones sanitarias adecuadas para evitar brotes de enfermedades transmitidas por el agua y poner en marcha espacios temporales de aprendizaje para que los niños puedan volver a la escuela tan pronto como sea posible. Para responder a todas estas necesidades y dar atención y servicios básicos a los niños y niñas afectados UNICEF necesita 26 millones de dólares.
Según los últimos datos oficiales, hay 2.045 muertos, unos 10.700 heridos, 671 desaparecidos y unas 83.000 personas están desplazadas o en refugios temporales.
Unas 500.000 personas carecen de acceso a agua y saneamiento, lo que, unido a unas bajísimas tasas de vacunación y una alta prevalencia de la desnutrición aguda y crónica, multiplica el riesgo de que los niños y sus familias contraigan enfermedades. Además, unos 5.000 niños se encuentran separados de sus familias y 100.000 niños necesitan apoyo psicosocial.